|
España ha aprobado 1.000 millones de ayudas
al mantenimiento de la minería del carbón,
mientras que las primas a las renovables en 2009
ascendieron a 4.719 millones.
Javier
Díaz apunta que ”en España se
están subvencionando con dinero público
equipos de combustibles fósiles, como el
cambio de calderas de gas por calderas de condensación
de gas.”
AVEBIOM
argumenta en este comunicado por qué
la tasa de carbono o el céntimo verde son
iniciativas de interés común para
los ciudadanos españoles:
Sencilla puesta
en marcha
Actualmente todos los países cuentan con
algún tipo de fiscalidad de la energía,
por lo tanto administrativamente es fácil
introducir una nueva tasa como la del carbono o
el céntimo verde, a nivel usuario.
En
el caso de aplicar la tasa de carbono, si la bioenergía,
u otras energías renovables, se producen
con uso de combustibles fósiles, estos “inputs”
se gravarán de acuerdo a la tasa sobre el
carbono normal, y por lo tanto serán automáticamente
incluidos en el costo de producción de la
bioenergía u otras renovables. De esta manera,
los cálculos de captación y emisiones
de carbono en la producción de energía
con biomasa no serán necesarios, y habrá
un incentivo económico por producir energía
de forma eficiente y medioambientalmente sostenible.
La
tasa sobre las emisiones de carbono no tienen que
conducir a una mayor presión fiscal en general.
La tasa al carbono puede incrementarse al tiempo
que otros impuestos se rebajan.
Creación
de empleo
La
tasa del carbono hará que sea más
rentable utilizar los combustibles fósiles
de manera eficiente. También hará
más rentable cambiar a fuentes de energía
renovables e incluso, abstenerse de utilizar energías
fósiles. Javier Díaz afirma que ”la
tasa del carbono dirigirá recursos financieros
hacia el desarrollo de las energías renovables
como la bioenergía que, además, fomentará
la creación de empleo local al consumir combustibles
locales. Las cuentas son fáciles: se reducen
los gastos al reducir las importaciones de energía,
pudiendo llegar a ser incluso exportadores de energía,
lo que favorece la creación de empleo. Y
continua: ”En España, la recién
creada Alianza por la Bioenergia estima en 135 empleos
nuevos creados con la bioenergía por cada
10.000 habitantes, frente a 9 del petróleo
o el gas natural. En total, la bioenergía
puede crear 592.000 empleos en España”.
El propósito de la tasa del carbono no es
castigar a las personas por su estilo de vida o
el equipamiento técnico actual, sino ayudarlas
a tomar las decisiones correctas en las inversiones
de futuro.
Quien
contamina, paga
-
Según el principio de quien contamina paga,
los emisores de CO2 deben pagar una tasa por sus
emisiones y así compensar los costes actuales
y futuros causados por las mismas. De esta forma,
los costes ambientales (costes externos) se internalizan
y forman parte del coste total de la actividad contaminante.
-
La tasa del carbono debe ser proporcional a la emisión
de CO2 producida por los distintos combustibles
fósiles y estar en relación directa
con el contenido del carbono de cada combustible.
-
La tasa del carbono deberá ser introducida
en todos los sectores de la sociedad. En el caso
de las industrias incluidas en el sistema de derechos
de emisiónes de CO2, cap-and-trade, se adiciona
la tasa de carbono.

El
ejemplo sueco: Suecia introdujo la tasa del carbono
en 1990. Desde entonces el país ha experimentado
un rápido crecimiento económico
y una reducción en las emisiones de carbono.
-
El nivel de exigencia de la tasa del carbono no
es el aspecto más importante en su inicio,
sino la aceptación general de su aplicación.
Una vez que la tasa esté introducida, se
puede incrementar gradualmente, haciendo posible
que las empresas y las personas tengan la oportunidad
de reducir el uso de combustibles fósiles.
-
El objetivo de esta tasa no es incrementar la imposición
tributaria, sino orientar el sistema hacia una economía
sostenible. Como compensación, otras cargas
fiscales pueden ser reducidas en una estrategia
denominada “cambio verde”.
Las
emisiones de CO2 provenientes del uso de combustibles
fósiles provocan daños en el medio
ambiente a corto y largo plazo. El coste futuro
para la sociedad será alto. El cambio climático
hará estragos en generaciones venideras,
aún sin que llegan a usar jamás combustibles
fósiles. Esto hace que países del
Tercer Mundo se vean afectados por el aumento del
nivel del mar y que sus agricultores padezcan los
cambios en los patrones climáticos.
La
aplicación de la tasa del carbono es la forma
más eficiente de aplicar la estrategia de
”quien contamina, paga” en relación
con el cambio climático. La tasa del carbono
es una medida mejor incluso que el existente sistema
“cap-and-trade”, por el que se paga
por las emisiones de CO2.
Puede
aplicarse en todos los sectores
La
tasa del carbono puede ser aplicada a todos los
sectores, mientras que el sistema “cap-and-trade”
sólo sirve para limitar las emisiones provenientes
de grandes industrias.
La
tasa de carbono se aplica a todos los niveles. La
pagan los grandes productores: petroleras, minerías
de carbón y compañías de gas
natural, quienes a su vez la repercuten en el precio
final del combustible. Esto hace que el incremento
del costo por la imposición de la tasa del
carbón, sea añadido al precio final
y así los consumidores de combustibles fósiles
como gasolina, gasóleo, gas natural, carbón…
paguen más.
El
peso de la tasa del carbono debe tener una relación
directa con las emisiones de CO2 que provoque cada
combustible. Los combustibles fósiles utilizados
para la producción de electricidad, en hornos
o en motores, convierten prácticamente todo
el carbono que contienen en CO2. Por lo tanto, la
tasa del carbono se puede calcular en función
de la cantidad de carbono de cada combustible. Por
ejemplo, los carbones bituminosos tienen un contenido
de carbono mayor que el petróleo y que sus
subproductos, mientras que el gas natural, por ejemplo,
contiene menos carbono en relación con su
valor energético.
La
bioenergía, al igual que otras energías
renovables, no paga tasa del carbono dado que el
CO2 liberado en la combustión de biomasa
es equivalente al CO2 captado por las especies vegetales
utilizadas como biomasa. Si la bioenergía
es producida con ayuda de combustibles fósiles,
sobre estos se aplicará la tasa del carbono
y quedará incluida de forma directa en los
costes de producción de la misma.
La
tasa del carbono hará más rentable
la producción energética con energías
renovables, y provocara que el consumo de los combustibles
fósiles descienda o se haga de forma más
eficiente. La dimensión de esta reducción
dependerá de la presión tributaria
que provoque la tasa del carbono y de la existencia
de tecnología alternativa.
La
tasa del carbono fomentará el desarrollo
de tecnologías para la reducción de
emisiones de carbono, estimulando el crecimiento
de un nuevo mercado y de nuevos empleos.
Las
tasas verdes como la del carbono no deben conducir
a un aumento generalizado de los impuestos. La tasa
verde puede ser incrementada a la vez que otro impuesto
se reduce. Este sistema de cambio se conoce como
“alternancia de tasas” (“Tax switch”)
y se está aplicando desde hace años
con éxito en Suecia. A medida que la tasa
del carbono incrementa, otros impuestos energéticos
se reducen. De esta forma se prima a las viviendas
con menor consumo de combustibles fósiles
y pagan más aquellas que sobrepasen la media.
La
tasa del carbono no tiene que ser elevada inicialmente.
El principal objetivo es que sea aceptada. Una vez
introducida se podrá incrementar de forma
gradual, siguiendo un plan establecido. Esto permitirá
a las industrias y a las personas tomar decisiones
a favor del medio ambiente. De esta forma, cuando
tengan que decidir sobre futuras inversiones, evaluarán
la existencia de la tasa del carbono y el futuro
escenario del incremento del precio de los combustibles
fósiles.
El
propósito de aplicar la tasa del carbono
no es el de castigar el estilo de vida de la gente
o la tecnología actual, sino incentivar la
toma de decisiones correcta y las inversiones adecuadas.
¿La
tasa del carbono u otros métodos?
AVEBIOM
recomienda el uso de la tasa del carbono o el céntimo
verde en lugar del sistema “cap-and-trade”
u otros sistemas administrativos como las cuotas
y tarifas. Con el sistema “cap-and-trade”
el precio de la emisión no puede ser calculado
de antemano, y por lo tanto tampoco la rentabilidad
de la inversión alternativa. La tasa del
carbono es siempre la misma –aunque pueda
ser alta en el futuro, si así se decide-,
generando con esto un alto grado de certidumbre
para el inversor. Un sistema tarifario es bueno
para los inversores y productores de energía,
pero no implica a la sociedad en su conjunto de
la igual forma que la tasa del carbono. Además,
los políticos tendrán que decidir
qué tecnologías estimular. Con la
tasa del carbono estas decisiones serán del
mercado.
La
tasa del carbono en los distintos países
Este
tipo de tasa ya está funcionando en Suecia,
Finlandia, Países Bajos, Noruega y Canadá.
En éste último tienen un sistema de
“cambio verde”, el cual contempla un
incremento paulatino de la tasa del carbono mientras
se reducen otros impuestos. Suecia tiene la tasa
del carbono más alta con 10 céntimos
de € por kg de CO2 emitido.
Por
todo lo anterior, AVEBIOM apremia a todos los grupos
parlamentarios para que alcancen un ACUERDO para
la puesta en marcha de la tasa de carbono o del
céntimo verde. Por la creación de
empleo, por la reducción de la dependencia
energética, por el bien del país,
debe aprobarse una tasa de carbono.
AVEBIOM,
la Asociación Española de Valorización
Energética de la Biomasa, se creó
en 2004 y actualmente tiene 175 socios que facturan
más 2.500 millones de euros anuales y generan
6.250 empleos directos.
Mas info: antoniogonzalo@avebiom.org
Tel.: 687.90.60.25
|