Durante
la noche o de dia con el extractor de aire parado,
una válvula anti retorno en las conducciones
que van desde la salida de los colectores a la rejilla
de la sala, evitaría que el aire caliente ascendiese
de nuevo a los colectores por convección y
se perdiera el calor.
En
los momentos del día en que no hubiera radiación
solar directa se podría optar por dos opciones:
paralizar el extractor o continuar con su funcionamiento.
En
caso de paralizar el extractor, se automatizaría
el procedimiento mediante un dispositivo de control
. La regulación se llevaría a cabo a
través de un termostato diferencial y de dos
sondas , una en los colectores y otra en la propia
sala. Cuando la temperatura fuera mayor en los colectores
(resultado de la incidencia de la radiación
solar) el extractor continuaría funcionando
hasta que la temperatura se equilibrase entre colectores
y sala de secado.
En
caso de elegir que el extractor continuase funcionando,
el aire circularía a temperatura ambiente,
lográndose una eficacia de de secado mucho
menor.
.
Las conducciones serían de sección cuadrangular
y el material a utilizar se decidió que fuera
de lámina galvanizada. En principio no se consideró
que las conducciones fueran aisladas térmicamente
e incluso se especuló que podía ir pintado
de negro para que las propias conducciones hiciesen
de superficie captadora adicional.
El
tiempo de secado sería en función de
cada producto; de su contenido en agua y de su textura.
Sólo se podría comprobar empíricamente.
No obstante se puede estimar un tiempo medio entre
1 y 3 días.
La
rentabilidad queda fuera de toda duda. Se estimó
que para lograr el mismo efecto en una instalación
que contase con un calentador de gas propano, sólo
con el gasto realizado en gas quedaría totalmente
amortizado la instalación solar en 2 años.
Si a ello le añadimos el gasto del calentador
y el equipo que utilizase los combustibles fósiles
el tiempo seriá sensiblemente menor.
La
vida útil estimada de la instalación
superaría holgadamente los 15-20 años.