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Se denomina biocombustible
a la sustancia de origen vegetal o animal que puede ser quemado
para obtener energía. Al tener un origen biológico
es posible producirlo (cultivarlo o criarlo), es por tanto
un recurso renovable.
En contraposición encontramos
los combustibles fósiles, que son aquellos que se extraen
del subsuelo, su cantidad es limitada. y no son renovables.
El
origen solar de la energía de los biocombustibles
El origen primero de la energía
que todo combustible almacena ( sea biocombustible o combustible
fósil) se halla en el Sol.
Todo comienza cuando las plantas
captan la energía del Sol y por medio de la fotosíntesis
conforman sus estructuras moleculares. En este proceso mediante
la energía solar se combinan el Co2 tomado de la atmósfera
con el agua del subsuelo para producir azúcares. Estos
azúcares se combinan después para producir distintas
sustancias vegetales como la celulosa que conforma las paredes
vegetales, las hojas, los aceites de las semillas oleaginosas
etc…
En estas estructuras moleculares
queda pues almacenada la energía captada del Sol. Es
por ello por lo que los vegetales son la base alimenticia
que sustenta toda la cadena trófica (cadena alimenticia
de todas las especies vivas del planeta). El resto de los
seres vivos se basan directa o indirectamente en los vegetales
para extraer de ellos la energía que han acumulado,
incluidos nosotros mismos. Esto supone en definitiva que toda
la energía que mantiene la vida en la tierra (excepto
a unas pocas especies) tiene un origen primigenio en el Sol
En tiempos remotos algunos
vegetales quedaron enterrados por diferentes movimientos geológicos
y tras largos procesos físicos, térmicos y químicos
se transformaron en combustibles fósiles. Actualmente
cuando quemamos petróleo o gas estamos liberando un
energía que fue captada millones de años atrás
por organismos vivos.
Pese al origen común
que tiene la energía almacenada en los biocombustibles
y en los combustibles fósiles la quema de estas dos
sustancias tienen consecuencias muy distintas a nivel ambiental.
Ambos tipos de combustibles liberan a la atmósfera
el Co2 que la planta fijo en sus estructuras por medio de
la fotosíntesis en el momento del desarrollo del vegetal.
Se sabe que el Co2 es un gas de efecto invernadero, que retiene
el calor del Sol en la atmósfera. En niveles naturales
mantiene una temperatura media global en valores aptos para
la vida tal como la conocemos.
En el caso de la quema de combustibles
fósiles se libera una energía y un Co2 que fueron
captados por los vegetales hace millones de años. Se
trata de un Co2 que salió del sistema atmosférico
mucho tiempo atrás cuando la tierra era muy distinta
y los seres vivos estaban adaptados a unas condiciones ambientales
muy diferentes a las que ahora conocemos. Actualmente con
nuestra civilización basada en la quema de petróleo
elevamos la concentración de CO2 en la atmósfera
a una velocidad sin precedentes en la historia conocida de
la tierra. Al elevarse la concentración de Co2 en la
atmósfera ésta incrementa su efecto invernadero
de manera artificial, aumentándose así la temperatura
media general del planeta y provocando lo que se denomina
“cambio climático” de aún impredecibles
resultados.
Con los biocombustibles es
diferente ya que el Co2 que emite al quemarse es el mismo
que el que la planta capto en un tiempo reciente directamente
de la atmósfera, manteniendo la media de concentración
de Co2 estable. Es decir no se produce un incremento neto
al final del proceso, teniendo en cuenta de que hablamos de
ciclos muy cortos (al contrario que con los combustibles fósiles
al recuperarse un CO2 fijado mucho tiempo atrás), no
se producen cambios
ambientales.
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